sábado, 22 de julio de 2017

Atentados contra el sentido de la vida




Estamos en una época llena de cambios, a menudo nos sorprende el avance científico con nuevos descubrimientos, vemos como se va transformando nuestro entorno natural dada nuestra intervención humana, decenas, cientos o miles de demandas sociales y de distinto orden en todos los continentes. Las redes sociales no paran y las noticias minuto a minuto son una cosa de locos, da una sensación de vértigo, estoy una hora desconectado y tanto puede ocurrir en ese momento, dejo de ver mis mensajes por unas horas y me pierdo de una o varias conversaciones en mis grupos de whatsapp. La micro va llena y se demora en pasar, en el metro no cabe nadie más y vamos apretados, inmóviles, solo queremos llegar luego a la casa para salir de esa lata de sardinas humanas. Y así podríamos enumerar tantas otras cosas que parece que a ratos nos cansan o nos desorientan un poco, tanta cosa en tan poco tiempo y nuestra mente apenas es capaz de asimilar un pequeño puñado de ellas, así es nuestro mundo nos guste o no nos guste, sin embargo, hay un par de cosas que me preocupan de forma particular, dado que desde mi perspectiva atentan más que otras a la perdida de sentido del hombre, perdida de sentido de la vida, algunas de las cuales pretendo abordar a continuación (aunque sea en breve), ambas tienen eco en una frase: "Un hombre centrado en si mismo". Los puntos a abordar son:
  1. La pérdida de la sabiduría ancestral y de las creencías religiosas.
  2. La pérdida de vínculos y de la vida comunitaria.
1. La pérdida de la sabiduría ancestral y creencias religiosas. 

En variadas culturas, cada una con sus respectivas cosmovisiones, podemos ver al hombre como fruto de alguna entidad, divinidad, astro o incluso la misma tierra, desde donde emerge y se sitúa en este mundo conformado por la naturaleza y seres que comparten este mismo destino. Tenemos también pueblos que han desarrollado sus propios planteamientos filosóficos, basados en sus propias sabidurías milenarias, para dar pie a una serie de planteamientos que brindan asidero a la vida de cada ser y de cada comunidad o pueblo. Si analizamos cada cosmovisión podríamos extraer elementos muy similares, valores que se repiten, deidades similares, interpretaciones semejantes en muchos sentidos y que han sido base para el desarrollo de los pueblos durante miles de años. Podríamos decir que existe una sabiduría elemental que brinda salud espiritual y mental a la persona, única e irrepetible, como también al conjunto de individuos que conforman la comunidad. Ahora bien, desde la revolución industrial nos hemos ido desprendiendo de toda esta sabiduría y religiosidad, dado en gran medida por el avance de la tecnología, nos hemos vuelto más independientes, nos basta con nuestro trabajo e inteligencia y parece que somos capaces de auto abastecernos en todos los sentidos. La ciencia y la técnica en conjunto han ido ganando terreno y desplazado a la filosofía y la riqueza de nuestros pueblos. Somos como un niño que un día ha recibido un juguete nuevo y se embelesa con el goce del mismo y olvida las demás fuentes de entretención, sin tener en cuenta que un día se acabará el gusto por aquel nuevo artefacto y tendrá que ir a por sus viejos juguetes llenos de polvo o quizás perdidos o ya propiedad del hermano menor, la diferencia está en que cuando queramos volver a esa sabiduría y religiosidad ancestral, nos será difícil, porque la verdad es que la hemos ido desechando y la vivimos muy poco o nada.

El desprendimiento de las tradiciones va generando un desarraigo que nos obliga a partir nuevamente con un proceso de construir una cosmovisión personal, la diferencia con antaño está en que ahora cada uno lo está haciendo de acuerdo a su propio sentir y tomando muy poco o nada de la sabiduría pasada. Es cierto que no porque algo sea tradición ha de ser bueno, y también es cierto que tenemos que ir adaptándonos, pero no por eso hemos de desechar la sabiduría aquilatada hace tantos milenios, la estructura social y sus valores como la conocemos hasta ahora no vienen de la nada, hay que saber reconocer las fuentes, el modelo es perfectible, pero estamos tirando mucho por la borda sin siquiera cuestionarlo. El desarrollo personal centrado en el "yo", en los varios "ismos" que conocemos, sigue una lógica de ganancia personal devenida de la industrialización y de variados movimientos que han ido surgiendo, no hemos aprendido bien a ser orgánicos, no se trata de o "yo" o la naturaleza, o "mi" bienestar o el del vecino, o "mi" país o el tuyo, sino más bien una visión comunitaria que está quedando a un lado, dado principalmente por la perdida de nuestras raíces, la perdida de la comunidad, estamos en una sociedad que impulsa el desarrollo personal, pero no apunta al bien común, se centra en las métricas y eficiencia pero olvida que eso no basta para dar forma al hombre. Hemos traído a nuestra propia vida los criterios que subyacen los negocios, la economía y a las empresas, esto solo hará que nos llenemos de un vacío cada vez mayor, la premisa que busca maximizar la rentabilidad no es válida para las grandes profundidades de nuestro ser.

2. La pérdida de vínculos y de la vida comunitaria

Los vínculos conforman la red que nos nutre y a la cual también nutrimos, es una red única que nos sostiene y nos brinda la sensación de cobijo tan necesaria para una sana conformación de la persona humana. Las tribus ya vivían los vínculos y la vida comunitaria a su manera y vemos como sigue existiendo esa realidad hasta nuestros días con los amigos y familiares, somos seres sociales y esa red es imprescindible para nuestro desarrollo. La característica de buenos vínculos se mide en la profundidad de los mismos, el vínculo con mi madre o mi padre será fuerte en la medida que cultive una estrecha relación con ellos, así también ocurre con la esposa, la polola, un hermano o con los amigos. Los vínculos se construyen tanto en entornos comunitarios como en la relación individual del tú a tú, los cuales serán más fuertes o débiles dependiendo de cuánto comparta con el otro. En la vida comunitaria encontramos espacio para el despliegue de nuestras capacidades sociales y también es ahí donde somos capaces de celebrar y vivir la felicidad en plenitud, es ahí donde aprendemos a valorar los logros de cada uno como también es el lugar donde compartimos nuestros momentos más difíciles. 

"Oh preciada y amada comunidad,
 que sin ti no sabría vivir"  

"Oh dulce espera de verte llegar, 
que en mi soledad nunca podría lograr"

"Oh nefasta tristeza que me ahogas en la oscuridad,
te repliegas cuando lloró en el hombro de mi mamá"

En la medida que vamos perdiendo los vínculos, vamos perdiendo también parte esencial de nuestra experiencia humana, aparecen inseguridades y angustias propias del hombre moderno que sacrifica los vínculos por su desarrollo profesional. He aquí que vuelve a aparecer la influencia de la lógica industrial en nuestra propia vida, la familia donde los hijos crecen sin padres presentes, por necesidad de trabajo continuo fuera de casa, es un producto claro del efecto de la industrialización, un problema del cual apenas nos hacemos cargo. Así también ocurre que por buscar la comodidad, muchas veces preferimos rehuir a los encuentros comunitarios y nos encerramos bajo variados pretextos. Cerramos nuestras casas a machete, protecciones por doquier bajo el argumento de que hay "mucha delincuencia", preferimos pagar para construir una jaula pero muy pocas veces pasa por nuestra mente la oportunidad de generar una comunidad más unidad con los vecinos, cuanto nos perdemos de disfrutar con ellos, salimos y entramos de nuestra casa sin mirar a nadie, eso demuestra nuestra falta de confianza y también que nadie nos enseña la gran importancia de "formar comunidad". 

Avanzamos en ciencia y tecnología a pasos enormes, mucho más rápido que nuestra comprensión de todos los cambios que ellos producen, los políticos toman decisiones muchas veces bajo presión o por interés propio y no buscando el bien común, se nos pone una y otra vez entre la espada y la pared, privilegiamos nuestro propio bienestar por instinto, sin saber que no tiene por qué ser o "mi" bien estar o el bienestar comunitario, pueden ser ambos ¿donde hallar descanso? y luego me pregunto ¿y para que hacer todo esto? ¿Cuál es el sentido?

¿Cómo explica su origen el hombre de hoy? ¿cómo se explica cuál es el sentido de su vida? ¿Cómo explica el hombre de hoy quien es y a donde va? Es mucho más difícil de explicarlo que antaño, las herramientas que tenemos a mano o las que nos suelen mostrar no son las correctas, hemos de volver a mirar las creencias de nuestros antepasados, volver a mirar los pueblos originarios, volver a recolectar los valores que se están perdiendo, retomar las conversaciones con los ancianos, a quienes vemos muchas veces con indiferencia pero que albergan una gran sabiduría, no dejar a un lado las juntas con nuestros familiares, con ese asado típico chileno con pebre, un volantín y las empanadas de mamá, volver a mirar la filosofía, aunque no estemos muy familiarizados con ella, de seguro nos abrirá una ventana, pero por sobre todo, a mi modo de ver, hemos de volver a mirar a Cristo en el madero, he ahí el máximo sentido de la vida, la sagrada eucaristía que ha sido vivida por 2.000 años por miles de comunidades alrededor de todo el mundo y donde ocurre el máximo milagro, el hijo de Dios vuelve a hacerse presente en el pan y el vino y comulgamos con él. Reforzar ese vínculo es lo principal, luego vamos con lo demás.

Con esta reflexión he querido pasar por algunos puntos que a mi juicio parecen relevantes, solo un esbozo de escenarios, preguntas y respuestas que en conjunto nos ayuden a cuestionarnos nuestro actuar cotidiano y ir haciéndonos cargo de ellos.

*Para mayor información de base bibliográfica de lo expuesto por favor contactarme para referir material. 

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